La noche a cualquier hora

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Por Fabián D´Amico

Sucesión de poemas eróticos hilvanados por Mariano Dossena en un espectáculo íntimo y poético, donde se destaca Ana María Cores.

Dos pinturas que remiten a la artista Tamara Lempicka flanquean un gran cortinado. Delante del mismo, un micrófono de pie de época, a un costado una mesa con una elegante lámpara y del otro rincón un sillón estilo art deco.
Tres espacios bien delimitados por donde deambularan los protagonistas de La noche a cualquier hora, casi sin tocarse, sin hablar, sin mirarse pero con un alto grado de pasión y erotismo en su devenir. Una mujer madura con un aire Marilyn Monroe, otra más joven y un hombre conforman un triángulo amoroso en donde los diálogos-monólogos- ambientan situaciones, narran historias y suscitan más dudas que certezas sobre el origen de estas criaturas y su vínculo entre ellas.

Hablan, susurran, cantan, emocionan y se emocionan pero la acción dramática entre ellos es casi nula. No hay un inicio, un porqué de su presencia sobre el escenario más que el sentido que la platea le ponga o le otorgue a cada uno. Pero si hay interés de saber que los une, que los conecta ya que lo narrado es de una fuerza y potencia erótica fuerte. ¿Qué une a este joven hombre con cada una de estas mujeres? ¿Qué vínculo hay entre las dos damas vestidas de rigurosa gala? ¿Es el hombre amante de una o de las dos mujeres? Muchas preguntas y pocas respuestas.

Un planteo teatral interesante el que propone Mariano Dossena y al cual denomina como drama erótico, cuando en verdad es la corporación escénica de una serie de poemas eróticos de la escritora Patricia Díaz Bialet. Una tarea ardua y difícil de plasmar poesía en acción dramática y para la que cuenta con tres intérpretes que atrapan desde distintas herramientas y recursos. Ana María Cores es la sensualidad hecha persona. Cada gesto, movimiento, postura de sus manos y su manera de decir cantando cosecha desde la platea esos silencios misiticos tan difíciles de logar en teatro y que solo las grandes actrices son capaces. Junto a ella Gustavo Pardi es el hombre, los hombres, lo masculino, el deseo o el trofeo o en el peor de los casos la presa que ambas protagonistas se disputa. Pardi tiene una dicción perfecta, su verba es impecable y la comunión ente el actor y el director viene de muchos éxitos anteriores (la multipremiada Un poeta en Nueva York en la misma sala de la Cooperación) y que se potencia en esta experiencia con más de sensorial que de dramaturgia. El tercer elemento es Florencia Carreras, quien aporta frescura y aplomo escénico a la pieza.

En un momento de la sociedad en que todo es mediático, inmediato, visual y casi deglutido sin saborear nada, tomarse una hora de tiempo para desconectarse de esa vorágine y sumergirse en la seducción de una no historia, de una serie de relatos donde la palabra prima, ambientado con la música en vivo de un saxo, con una cercanía casi intimidatoria con los intérpretes, es un oasis artístico e invita a decir que La noche a cualquier hora es el momento ideal para disfrutar de la poesía y de los desencuentros amorosos.