La puerta de al lado

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Por Fabián D´Amico

Texto inteligente, actores brillantes y una certera dirección en un propuesta donde la diversión plena le abre un camino a la reflexión.

Muchos actores con larga trayectoria y formación clásica sostienen, aún hoy en día, que “no hay mal actor con la letra sabida”. Una especie de arcaísmo ya que la letra- o el libro- es un elemento más del discurso teatral. Como esa afirmación, existen cientos más dentro del teatro que pasan de mitos a convertirse en leyendas. Se puede argumentar que la unión de excelentes actores y un director que sepa guiarlos hacia un final loable es posible en el drama o creaciones colectivas pero en dentro de la comedia, la letra, lo escrito, la pieza sigue teniendo un peso primordial al momento de crear un producto noble. Esto es claramente visible en La puerta de al lado, comedia francesa de Fabrice Roger, donde una historia en principio simple y lineal- el encuentro fortuito de dos desconocidos notablemente antagónicos- guarda debajo de su dermis burbujeante y divertida, varias capas de análisis sociológico y mucho de psicoanálisis.

Un ascensor separa en un hall privado dos departamentos. Uno de ellos es habitado por una mujer formal, estructurada,psicóloga de profesión. El departamento del otro lado del palier tiene un nuevo ocupante, un hombre con vestimenta moderna- “un pendeviejo” como lo llama la vecina- publicista encargado de lanzar un campaña de lácteos. El encuentro casual de ambos en el pequeño espacio que separa los departamentos marca el devenir de la comedia, con un planteo en principio previsible ( encuentro, empatía, acercamiento, final feliz) pero muy creativo en cuanto al desarrollo de la trama, donde la comedia brillante habilita un espacio para la reflexión sobre estos seres en apariencia fuertes y dominantes cuando en realidad son débiles, permeables y ansiosos de conectarse los unos con los otros.

Sin entrar en profundidades que conviertan el entretenimiento en un drama psicológico, lo que ambos personajes viven en la intimidad de cada vivienda, su soledad, la dificultad de conseguir pareja a los 40 años, la influencia de las redes sociales y la coraza se ponen para afrontar el día a día marca una diferencia positiva y bienvenida dentro del subgénero de la comedia, sin dejar de lado el ritmo vertiginoso, el juego de puertas y dos actuaciones magnificas de quienes manejan el humor físico a la perfección.

La correcta adaptación de Mallores-Del Pino donde la neutralidad de espacio y tiempo hace a la pieza universal y cada espectador le da el anclaje temporal y físico que desee. Las efectivas acciones dramáticas propuesta por la pieza encuentra en Zorzoli, Menahem y Aruzzi un trío de excelencia. La dinámica puesta en escena de Zorzoli –apoyado en una funcional escenografía de Alberto Negrin- junto con el correcto diseño de cada uno de los roles posibilita el lucimiento de la pareja protagónica, donde cada gesto, cada expresión y cada gag físico o verbal está puesto en función de la historia y no como simple golpe de efecto traducido en risa o carcajada.

Jorgelina Aruzzi compone a la psicóloga con un arsenal de recursos magistrales , donde la dualidad entre el juego pleno de la comedia y un espacio ,apenas imperceptible pero presente, para la ternura y permeabilidad hacia los sentimientos hace recordar a las grandes comediantes del teatro nacional como La Campoy, Beatriz Taibo o La Bonnet, glorias de un estilo de hacer comedias blancas con una dosis precisa entre lo naif y lo picareso. El encuentro amoroso de ambos personajes en el hall es antológico y la tiene a Aruzzi como pilar indiscutible para la resolución de esta desopilante escena. Peto Menahem es el compañero ideal para esta aventura. La química de la pareja ( ambos protagonistas de la primera versión de Le Prenom) y el juego del antigalan de Menahen potencia la comedia hasta momentos de plena carcajada sin caer nunca en la maquieta o la exageración. Un trabajo de equipo consistente y en pos de un resultado final increible.

La puerta de al lado trae a la cartelera porteña un texto inteligente, una pareja de actores brillantes y una certera dirección en un propuesta donde la diversión plena no deja de lado la reflexión y el debate posterior con café de por medio. Un espejo ante el cual los seres de cuatro decadas no deberian dejar de reflejarse y examinarse.